JI P'URHEPECHESKA.

En mis tiempos de estudios de nivel básico, mi profesor de historia me llamaba en lugar de mi nombre “Tarasco”, yo le replicaba la enseñanza de un maestro indígena-p’urhépecha, y le decía que todos los hombres y mujeres éramos iguales, lo único que nos marcaba la diferencia era el haber nacido en una cultura distinta, por ejemplo, yo era p’urhépecha porque nací en una Ireta que es formada por los p’urhépecha. Creo que el profesor nunca me comprendió me siguió llamándome tarasco.

Tratando de buscar respuesta a la cuestión, un día le pregunté a mi madre Nana Dominga Cruz Cira, (ella es monolingüe, proviene de una familia de los primeros bautizados a la iglesia católica en esos tiempos de la invasión), -¿Jucha engakchi irekaka ixu ini iretarhu, ambeskich’i, taskuecha o p’urhépecha?, Le pregunte, y ella sin pensar mucho me respondió, -juchajchi p'urheska, ji isï kurhandimaska jimakajkani uératini enga ji sapichuepka.

Entonces desde entonces, tengo la idea muy clara de lo que somos, nosotros los descendientes del pueblo de Tangaxoan, somos P'urhépecha

Ya en mis otros tiempos, en que me dedique a esculcar mis raíces en historias orales, escritos y de conocer a otros pueblos indígenas del mundo, encontré un libro llamado Relación de Michoacán, documento cuya redacción fue hecha allá por el año de 1540 por Jerónimo de Alcalá y dictada por los P'etamutiecha; el contenido del libro fue dada a conocer al pueblo de Michoacán hasta 1956, -casi 500 años después-. En ese libro, en la Parte Tercera, capitulo XXIII, confirma lo que mi madre me había dicho: no somos tarascos.

"Y los españoles, antes que se fuesen, llevaron dos indias consigo que le pidieron al cazonçi, de sus parientas, y por el camino juntábanse con ellas y llamaban los indios que iban con ellos a los españoles, tarascue, que quiere decir en su lengua yernos. Y de allí ellos después empezáronles a poner este nombre a los indios y en lugar de llamarles tarascue, llamáronlos tarascos, el cual nombre tienen agora y las mujeres tarascas. Y córrense mucho destos nombres. Dicen que de allí les vino, de aquellas mujeres primeras que llevaron los españoles a México, cuando nuevamente vinieron a esta Provincia".


Aquí el texto completo

[XXIII]
COMO ALZARON OTRO REY Y VINIERON TRES ESPAÑOLES A MECHUACAN Y COMO LOS RECIBIERON

Pues entraron en consulta los viejos que habían quedado de las enfermedades,
sobre alzar otro señor y dijéronle a Zinçicha: "señor, sé rey." ¿Cómo ha de que-
dar esta casa desierta y anublada? Mirá que daremos pena a nuestro dios Curí-
caberi. Algunos días haz traer leña para los qúes." Respondió Zinçicha:
"no digáis esto, viejos. Sean mis hermanos menores y yo seré como padre de
ellos; o séalo el señor de Cuyacan llamado Paquíngata." Dijéronle: "qué dices,
señor? Ser tienes señor. ¿Quieres que te quiten el señorío tus hermanos me-
nores? Tú eres el mayor." Dijo el cazonçi después de importunado: "sea
como decís, viejos, yo os quiero obedecer. Quizá no lo haré bien; ruégoos que
no me hagáis mal, mas mansamente apartame del señorío. Mirá que no ha-
bemos de estar callando. Oí lo que dicen de la gente que viene, que no sabemos
qué gente es; quizá no serán muchos días los que tengo de tener este cargo."
Y ansí quedó por señor. Y sus hermanos mandólos matar el cazonçi nuevo
por inducimiento de un principal llamado Timas, que decía al cazonçi
que se echaban con sus mujeres y que le querían quictar el señorío y quedó
solo sin tener hermanos. Y después lloraba que habían muerto sus hermanos y echaba la
culpa a aquel principal llamado Timas. Y vino nueva que había venido un español
y que había llegado a Tiximaroa en un caballo blanco, y era la fiesta de Puré-
coraqua, a veinte y tres de hebrero, y estuvo dos días en Taximaroa y tornó-
se a México. Desde a poco vinieron tres españoles con sus caballos y llega-
ron a la Cibdad de Mechuacan, donde estaba el cazonçi. Y rescibiólos muy bien
y diéronles de comer y envió el cazonçi toda su gente, entiznados, a caza,
muy gran número de gente, por poner miedo a los españoles y con muchos ar-
cos y flechas, y tomaron muchos venados y presenctáronles cinco venados
a los españoles, y ellos le dieron al cazonçi plumajes verdes y a los señores. Y el
cazonçi hizo componer los españoles, como compunían ellos sus dioses: con
unas guirnaldas de oro y pusiéronles rodelas de oro al cuello y a cada uno le pusieron
su ofrenda de vino delante, en unas tazas grandes, y ofrendas de pan de bledos
y frutas. Decía el cazonçi: "estos son dioses del cielo". Y dióles el cazonçi mantas
y [a] cada uno dió una rodela de oro. Y dijeron los españoles al cazonçi que querían
rescatar con los mercaderes que traían plumajes y otras cosas de México,
y díjoles el cazonçi que fuesen, y por otra parte mandó que ningún mercader ni
otro señor comprase aquellos plumajes. Y compráronlos todos los sacrista-
nes y guardas de los dioses, con las mantas que tenían los dioses diputadas para
comprar sus atavíos. Y compraron todo lo que los españoles les traían y dieron al
cazonçi, diez puercos y un perro y dijéronle que aquel perro sería para guar-
dar su mujer. Y liaron sus cargas. Dióles el cazonçi mantas y jicales y cota-
ras de cuero y tornáronse a México. Y como viese el cazonçi aquellos puercos,
dijo: "¿qué cosa son éstos? ¿son ratones que trae esta gente?". Y tomólo por agüero
y mandólos matar y al perro, y arrastráronlos y echáronlos por los herbazales. Y los
españoles, antes que se fuesen, llevaron dos indias consigo que le pidieron al cazonçi, de sus parientas, y por el camino juntábanse con ellas y llamaban los indios que iban con ellos a los españoles, tarascue, que quiere decir en su lengua yernos. Y de allí ellos después empezáronles a poner este nombre a los indios y en lugar de lla-
marles tarascue, llamáronlos tarascos, el cual nombre tienen agora y las mu-
jeres tarascas. Y córrense mucho destos nombres. Dicen que de allí les vino, de aquellas mujeres primeras que llevaron los españoles a México, cuando nuevamente vinieron a esta Provincia.
Tornaron a entrar en su consulta el cazonçi con sus
viejos y señores y díjoles: "¿qué haremos? Ya paresce que viene esta gente". Dijeron
sus viejos: "señor, ya vienen, ¿habémonos de deshacer? ¿dónde habemos de ir? Ya habemos, sino
vistos y hallados." Díjoles el cazonçi: "sea ansí, viejos, como lo quieren los dioses; bien
lo supo mi padre y aunque el pobre fuera vivo, ¿qué había de decir el pobre?". Dijéronle
los viejos: "ansí es, señor, como dices: ¿qué habíamos de hacer cuando vinieran las nue-
vas que vienen? Veremos a ver qué dicen. Esfuérzate, señor, si vinieren otra vez." Vinieron
pues, otros cuatro españoles y estuvieron dos días en la cibdad y pidieron veinte
prencipales al cazonçi y mucha gente y dióselos. Y partiéronse con la gente a Colima
y llegaron a un pueblo llamado Háczquaran, y quedáronse allí y enviaron los pren-
cipales y gente delante para que viniesen de paz los señores de Colima, donde que-
daban los españoles. Y sacrificáronlos allá a todos, que no volvió ninguno, y los españoles
desconfiados de su venida y de esperar los mensajeros, se volvieron a la cibdad de
Mechuacan y estuvieron dos días y tornáronse a México.

FUENTE:

[highlight=#FFFFAA]http://etzakutarakua.colmich.edu.mx/proyectos/relaciondemichoacan/rm/indiceRM2.asp?id=106&mostrar=2[/highlight]

Relación de Michoacán
Publicado por el Colegio de Michoacán



Con mis saludos
Pedro Victoriano Cruz, San Lorenzo Narheni Anapu
Marzo 13, 2010.